Cultura de improvisación
El dominicano es conocido porque improvisa. Inventemos el juego de la vitilla para jugar pelota (béisbol) con el palo de una escoba y las tapas de los botellones de agua, cuando para jugar nos faltan las losas —así le decíamos en Azua a las canicas, el capitaleño les dice bolas—, jugamos con piedras; hasta podemos improvisar una cancha de básquet en el tronco de una mata de mango, con el aro de un motor 70 y una pelota de béisbol. Improvisar es parte de nosotros, de lo que somos, y hasta motivo de orgullo. En la imágen : The primary use for the wheel in San Jose (El uso primario para una rueda en San José), por Kendrick Brinson. Esto es bueno, pues significa que a pesar de nuestros muchos problemas hemos sabido salir a camino y jugar en medio de las precariedades. Pero hay otra forma de improvisación que nos hace mucho daño, y es la que no se impone por necesidad, sino por mala costumbre. Hay dos expresiones del refranero popular que retratan esta realidad nuestra: «No importa que sea ñato, lo importante es que respire», y «no importa como salga el burro, se empareja la carga en el camino».
Rafael Pérez