Los muertos, un negocio de vivos
Recuerdo que una vez un amigo de mi papá fue elegido en un funeral, para exclamar el panegírico (las ultimas palabras) a un amigo en común, el orador, sin mucha delicadeza, pero con firmeza y realidad solo se aprestó a vocear en el mismo cementerio «Filomeno te jod#ste». Es fuerte, pero ciertamente para muchos esa es la cruda realidad. Los muertos son un gran negocio para nosotros los vivos, comenzando con el dineral que cuesta tener un ataúd o caja decente, quizás algunos 30 mil pesos. También alquilar una sala en una funeraria es cuestión de vivos, ya que hay que hasta pedir rebajas a ver si le dejan a uno un huequito para poder velar tranquilo al muerto. Todavía no hemos hablado del nicho, la última morada del fallecido, tampoco de las lloronas, esas valientes mujeres que se rajan a dar gritos por una suma determinada para hacer que el funeral sea más… ¿emocional?
Alf MicStar