Homenaje a la lonchera
¡Qué sería de la vida sin las loncheras! Sí, esas mismas catervas donde guardamos y transportamos nuestro chao (comida). Quizás nuestro primer contacto con estos equipajes gastronómicos se dio en la escuela, cuando nuestras abnegadas madres con mucho amor y esmero nos preparaban las delicias más sabrosas para alimentarnos bien y producir una contra reacción a esa frase Hipolitana que reza «el mal comió no piensa». Muchos en esta vida estamos destinados a volver a ella, a la lonchera, ya que mucho después de haber salido de la primaria o bachillerato, y de habernos olvidado de lo que se comía durante el recreo, nuestra realidad cotidiana de trabajar, estudiar en la uni y luego llegar a casa nos ha obligado a tomar ciertas decisiones, quizás no tan agradables como la de volver a llevar una loncherita entre las manos mientras tomamos el concho que nos deja en la oficina.
Alf MicStar