El corazón de la auyama
Se trataba de una madre joven, delgada, con cara de tristeza que acunaba en sus brazos a una pequeña con ojos hundidos, boca seca y llanto débil. La conserje del consultorio, experta en Triaje , la hizo pasar primero. Con sólo mirarla di el veredicto. —«Hay que internarla, está muy deshidratada». Su madre me miró tristemente y suplicó que buscaramos otra alternativa de tratamiento. —«No mi Doña, esa niña necesita suero y medicamentos intravenosos. La salud es lo primero»— sentencié con tono serio.
Nelly Escotto