El arte de «invadir lo que sea»

ambulanteEn la imagen: Para poner un negocio de comida en Dominicana, si no tienes un lugar, no te preocupes, una esquina o una parte de la acera es suficiente. ©Carmen Gestoso

Para quienes no lo conocen, Sergio Forcadell es un reconocido publicista y escribe —no de manera regular, pero sí tiene presencia— en diversos espacios de la prensa escrita nacional. Hoy, escribe en Diario Libre sobre algo peculiar: el arte que tiene el dominicano de «invadir» las cosas (dígase, coger lo ajeno y aparentar ser el dueño). Uno lo ve más con casos de un terreno baldío o un esquina para poner un negocio ambulante. Curioso es cómo describre Forcadell el proceso de colocar un negocio en la calle:

En un breve tiempo, como quien no quiere la cosa, coloca un rústico banquito para sentarse, a la vez le sirve para marcar su futuro territorio. Después de un tiempito de observar mansamente el panorama, trae una mesa, lo más desvencijada posible, y la coloca de manera tal, que los transeúntes pasen lo más estrecho posible, pues así se fijarán en lo que vende. Es importante también que los vehículos puedan pararse delante del negocio, aunque esto suponga un peligro, tal como está el tránsito de malo, esto no tiene importancia alguna. Acto seguido, comienza a traer las mercancías, plátanos, gomas, aceites lubricantes, chucherías, lo que sea. De inmediato se percata que tiene la necesidad de colocar algunos tramos, cosa que hace con la mayor naturalidad, pues el puestecito tiene muchas posibilidades de ampliarse hacia los lados.

La improvisación es la norma. Y por eso es que siempre, debado de una mata, al menos hay frutero, o un paletero e incluso una fritura que todas las mañanas sirve el desayuno a los obreros de una construcción. Y no es por quitarles a esos hombres y mujeres que se fajan diariamente para buscar el pan de cada día. Es que la probreza misma nos lleva a ser creativos y poner un negocio, invadiendo el lugar que sea.

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